El membrete de un desenlace, nunca es previsto ni anticipado por ser alguno, que se preste a sentir la existencia muda. Con el eco vuelto a nacer, la luz nacida de la bailarina suave, delgada; la que danza al viento y que me acompaña ciertas noches profundas.
De nosotros emerge y hacia nosotros regresa. Respiramos y somos exhalados.
Sin mirarme me vuelve como la hoja de un libro, como la gota que rebota al reir, como el paso regresado y la noche traspasada por unos ojos hinchados, carcomidos y una piel lamida de sangre al estirarse a lo largo del brocal. Maquillaje azaroso de bulbosa red de pensamientos convulsos que no llegan a lugar alguno.


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