marzo 07, 2013

Pateando el libro de cuentas del señor Ku chiu*


Pateando el libro de cuentas del señor Ku chiu*
Modernidad, Postmodernidad, Transmodernidad y Globalización.   

  Pienso en mi hermana, que ve a diario las series de tv animadas japonesas, prácticamente en tiempo real por internet, apenas las estrenan; pienso en mi amigo que se viste al estilo de los músicos de Detroit en los noventas y es descendiente de libaneses; pienso en mi novia que alguna vez abrazó el Corán y le gusta el heavy metal y bailar salsa brava; pienso en mi vecino de frente que sueña con tener un carro de piques y camina a lo afroamericano neoyorkino, con franelillas de la NBA y cuyos abuelos son españoles; pienso en el montón de discos al lado de mi cama, donde hay desde Héctor Lavoe hasta Portishead, pasando por música folklórica de Mali, un disco de Gustavo Santolalla, unas versiones de Aldemaro Romero y Megadeth. Mi bisabuela de Patanemo, mi padre centroamericano, mi abuela con apellido Sevilla, mi madre de piel morena. A pesar de esta diversidad, si hay una cosa en la que mi entorno tiene una homogeneidad es en el innegable legado cristiano/capitalista el cual moldea nuestros enteros esfuerzos de supervivencia cotidianos. Cada día, todos nos levantamos de nuestras camas para ir a honrar nuestros compromisos, asistir al trabajo o a clases, atender a esa reunión pautada desde hace una semana, hacer mercado, ir al médico; pero todo esto no es otra cosa que la aparentemente eterna danza moderna de la supervivencia, la cual desemboca ineludiblemente en la obtención de dinero además de la convicción moral de que esto es lo que hace una persona de bien.

     Además de esta característica de unicidad, Habermas explica como otra de las características del pensamiento moderno, la a veces no tan sutil relación de este con la antigüedad, a través de su contraposición renovadora de “transición de lo antiguo a lo nuevo”, con lo cual lo que es considerado clásico, lo es gracias a que ha logrado de alguna manera sobrevivir al paso del tiempo; y pienso por ejemplo, en el afán nostálgico si se quiere, de toda nuestras costumbres familiares, en mantener un vínculo afectivo con nuestro pasado (álbumes de fotografías, reencuentros, bitácoras o diarios personales) en los que no puedo ver otra cosa que la necesidad ¿natural? de nuestra psique de retener el tiempo que sabemos indeteniblemente fluctuante. Atendemos acá a la puesta en escena diaria del enfrentamiento del ser humano contra la continuidad del tiempo. La contradicción de lo constantemente nuevo que desemboca en el sentimiento paradójico explicado por Compagnon y que yo entiendo como una de las causantes de la progresiva individualización a la que esta ideología nos ha venido impulsando, en principio de manera un tanto inconsciente tal vez, pero que al cabo de los años, vendría a ser utilizado de manera bien planificada, en los laboratorios de mercadeo, sub contratados por las empresas transnacionales. Veo entonces como se producen en mi entorno completamente cercano y personal, las distintas características descritas por los autores revisados, en cuanto a los conceptos de Modernidad, postmodernidad y globalización, de los cuales creo aun no hemos salido en modo alguno.

     Me pareció muy interesante la manera como Habermas explica las formas particulares como el fenómeno de la modernidad se dio a escala cultural y social ya que, mientras en los individuos se operó esta suerte de despertar de lo subjetivo como valor intrínsecamente ligado a la permanencia de la novedad y al espíritu ilustrado del poder infinito de la razón; a la vez se dio el intento de homogeneización macro-social para intentar alcanzar este progreso infinito que planteaba la misma ilustración. El hecho de entender como este progreso no podía darse sin la estricta singularidad de un criterio único, pone en evidencia el germen del intento de totalitarismo que hoy en día podemos ver en la globalización. Esto también lo plantea Vattimo cuando dice que: “para concebir la historia como realización progresiva, se da una condición: que se la pueda ver como un proceso unitario.” Este conflicto, espiritual si se quiere, genera un quiebre en la conciencia del ser humano y plantea la ruptura de esta unidad histórica, una crisis que nos coloca en la situación de reconocernos como seres particulares y heterogéneamente colectivos, los cuales buscamos imponernos sobre la forzada unificación modernista. Así atendemos al descubrimiento de toda una cantidad de subculturas que hablan por sí mismas de sus particulares maneras de concebir la realidad, valiéndose de las actuales capacidades de los medios masivos de comunicación para engendrar y registrar a su vez exclusivas y fragmentadas maneras de percibir sus realidades, a pesar que en gran medida estos medios masivos no sean más que un canal de la homogenización del gran sistema, a través de lo que conocemos como alienación mediática. Por estos vemos como el texto de Vattimo está titulado a modo de interrogante, poniendo en duda la transparencia de la sociedad postmoderna.

     Planteado esto, creo entender que lo que conocemos como globalización, que según Noam Chomsky debería ser una especie de aldea mundial, donde todos tengamos igualdad de condiciones; no es más que “la represión del hombre y la liberación de las mercancías” o lo que Enrique Dussel bien llama enfrentamiento asimétrico de las distintas culturas, hijas cada una de su particular devenir histórico el cual, es estrictamente necesario eliminar por completo, en esta suerte de reavivamiento del espíritu unificador y homogeneizante del modernismo, que se traduce ahora si en una hegemonía cultural, que tiene como principal motor ideológico al neoliberalismo. Teniendo al concepto de libre mercado como sentencia moral, los medios masivos de comunicación se han convertido en templos del pensamiento global, donde cada persona encuentra su puesto y sabe muy bien cual papel desempeñar, con la clara intención de ser cada vez más eficientes, siempre en búsqueda de alcanzar un mayor y cada vez mejor posicionamiento, dentro de la súper estructura social. Este anhelo está bien reforzado, como lo dije al comienzo, por la idea claramente preconcebida de estar luchando por un bienestar brindado por la comodidad de los productos de consumo y la protección de una cada vez más especializada tecnología al servicio de la industria farmacéutica, por medio de la cual nos venden la píldora para vivir.

     En respuesta a esto Dussel nos plantea en su tesis un modo transversal para superar la realidad planteada por la visión eurocentrista y estadounidense por medio del modernismo y su heredero planteamiento globalizador. A través de un enfoque que plantea el enfrentamiento del desarrollo sustentado en las cualidades y circunstancias específicas de cada pueblo, que no se centre en el modernismo, sino que lo “atraviese” de manera inteligente, sin negarlo del todo. Revelando las posibilidades propias que nazcan de este auto descubrirse que el autor piensa que debería ejecutar cada pueblo, es como podrían estos mismos sobrevivir al nefasto futuro vislumbrado bajo la óptica del actual poder europeo, volcado al mundo entero. La tesis de la transmodernidad exige a los intelectuales, primero no cerrarse en una suerte de élite de expertos, que precisamente alejó el conocimiento de la gente común y segundo, servir de puente fronterizo entre la realidad postmoderna innegablemente poderosa y centralizadora; y el camino directo, originario y autóctono entre el pasado, presente y futuro de su realidad cultural, en donde las potencialidades deberán re-conocerse para sembrarlas como esperanzas en un futuro más simétrico entre la pluralidad mundial. A pesar de opinar que es una teoría muy interesante, creo sinceramente que esta idea no podría desarrollarse en nuestra realidad como venezolanos y a continuación trataré de explicar porque.

     Si tomamos en cuenta a los personajes que Dussel utiliza como ejemplo para plantear su tesis, ambos son representantes de culturas milenarias, como lo son la maya y la árabe. Esto les confiere esa característica de pre-modernos que el mismo autor alega como característica suficiente para entender que el fenómeno moderno, no es otra cosa que un episodio específico dentro de un pueblo específico, como lo es el europeo. Es así que podemos entender que personas como Rigoberta Menchú y Mohammed Al - Yabri puedan desarrollar respectivos trabajos donde reflexionan acerca de las realidades históricas de sus pueblos, para redescubrir en ello lo necesario para plantear una tesis alternativa a la globalización eurocentrista y capitalista, partiendo de su propio legado y necesidades. Es acá donde yo me pregunto ¿acaso no somos nosotros los venezolanos un pueblo lo suficientemente contaminados como para evadirnos de nuestra muy torcida realidad postmoderna?, ¿no hemos ya nacido nosotros dentro de este gran basurero? A pesar de mi basta ignorancia, pienso y trato de encontrar un asidero histórico que me permita partir de él, para dar ese salto transversal que plantea Dussel y que me ceda la posibilidad de no sufrir de postmodernismo, pero incluso las hermosas culturas indígenas que tan bella y orgullosamente llevo en la sangre, tienen poco peso en mi realidad cotidiana, más allá de un verdadero respeto, incluso amor que pueda profesarles. No sé si aquel concepto de “pueblo nuevo” que alguna vez escuché, sea pertinente en este momento para intentar explicar que soy un hijo alienado de una cultura corrompida y que, a diferencia de un mexicano o un peruano, lamentablemente no tengo una ascendencia milenaria que respalde mi historia, sino que he nacido y he crecido frente a un aparato de televisión, desayunando algún producto que viene en una caja de cartón y teniendo cada vez mas acceso a cualquier cantidad de información cada vez mas filtrada, por internet. Es esta la crítica que hago a lo planteado por Dussel y sinceramente espero estar equivocado.

3 de Febrero de 2013.  

*  Hsun, Lu. (2009). Diario de un loco. (Sergio Pitol, Trads.). Colombia.(trabajo original publicado en 1918.)