Pateando el libro de cuentas del señor Ku chiu*
Modernidad, Postmodernidad,
Transmodernidad y Globalización.
Pienso en mi hermana, que ve a diario las
series de tv animadas japonesas, prácticamente en tiempo real por internet, apenas
las estrenan; pienso en mi amigo que se viste al estilo de los músicos de
Detroit en los noventas y es descendiente de libaneses; pienso en mi novia que
alguna vez abrazó el Corán y le gusta el heavy metal y bailar salsa brava;
pienso en mi vecino de frente que sueña con tener un carro de piques y camina a
lo afroamericano neoyorkino, con franelillas de la NBA y cuyos abuelos son
españoles; pienso en el montón de discos al lado de mi cama, donde hay desde Héctor
Lavoe hasta Portishead, pasando por música folklórica de Mali, un disco de
Gustavo Santolalla, unas versiones de Aldemaro Romero y Megadeth. Mi bisabuela
de Patanemo, mi padre centroamericano, mi abuela con apellido Sevilla, mi madre
de piel morena. A pesar de esta diversidad, si hay una cosa en la que mi
entorno tiene una homogeneidad es en el innegable legado cristiano/capitalista
el cual moldea nuestros enteros esfuerzos de supervivencia cotidianos. Cada
día, todos nos levantamos de nuestras camas para ir a honrar nuestros compromisos,
asistir al trabajo o a clases, atender a esa reunión pautada desde hace una
semana, hacer mercado, ir al médico; pero todo esto no es otra cosa que la
aparentemente eterna danza moderna de la supervivencia, la cual desemboca
ineludiblemente en la obtención de dinero además de la convicción moral de que
esto es lo que hace una persona de bien.
Además de esta característica de unicidad,
Habermas explica como otra de las características del pensamiento moderno, la a
veces no tan sutil relación de este con la antigüedad, a través de su
contraposición renovadora de “transición de lo antiguo a lo nuevo”, con lo cual
lo que es considerado clásico, lo es gracias a que ha logrado de alguna manera
sobrevivir al paso del tiempo; y pienso por ejemplo, en el afán nostálgico si
se quiere, de toda nuestras costumbres familiares, en mantener un vínculo
afectivo con nuestro pasado (álbumes de fotografías, reencuentros, bitácoras o
diarios personales) en los que no puedo ver otra cosa que la necesidad
¿natural? de nuestra psique de retener el tiempo que sabemos indeteniblemente
fluctuante. Atendemos acá a la puesta en escena diaria del enfrentamiento del
ser humano contra la continuidad del tiempo. La contradicción de lo
constantemente nuevo que desemboca en el sentimiento paradójico explicado por
Compagnon y que yo entiendo como una de las causantes de la progresiva
individualización a la que esta ideología nos ha venido impulsando, en
principio de manera un tanto inconsciente tal vez, pero que al cabo de los
años, vendría a ser utilizado de manera bien planificada, en los laboratorios
de mercadeo, sub contratados por las empresas transnacionales. Veo entonces
como se producen en mi entorno completamente cercano y personal, las distintas
características descritas por los autores revisados, en cuanto a los conceptos
de Modernidad, postmodernidad y globalización, de los cuales creo aun no hemos
salido en modo alguno.
Me pareció muy interesante la manera como
Habermas explica las formas particulares como el fenómeno de la modernidad se
dio a escala cultural y social ya que, mientras en los individuos se operó esta
suerte de despertar de lo subjetivo como valor intrínsecamente ligado a la
permanencia de la novedad y al espíritu ilustrado del poder infinito de la
razón; a la vez se dio el intento de homogeneización macro-social para intentar
alcanzar este progreso infinito que planteaba la misma ilustración. El hecho de
entender como este progreso no podía darse sin la estricta singularidad de un
criterio único, pone en evidencia el germen del intento de totalitarismo que
hoy en día podemos ver en la globalización. Esto también lo plantea Vattimo
cuando dice que: “para concebir la historia como realización progresiva, se da
una condición: que se la pueda ver como un proceso unitario.” Este conflicto,
espiritual si se quiere, genera un quiebre en la conciencia del ser humano y
plantea la ruptura de esta unidad histórica, una crisis que nos coloca en la
situación de reconocernos como seres particulares y heterogéneamente
colectivos, los cuales buscamos imponernos sobre la forzada unificación
modernista. Así atendemos al descubrimiento de toda una cantidad de subculturas
que hablan por sí mismas de sus particulares maneras de concebir la realidad,
valiéndose de las actuales capacidades de los medios masivos de comunicación
para engendrar y registrar a su vez exclusivas y fragmentadas maneras de
percibir sus realidades, a pesar que en gran medida estos medios masivos no
sean más que un canal de la homogenización del gran sistema, a través de lo que
conocemos como alienación mediática. Por estos vemos como el texto de Vattimo
está titulado a modo de interrogante, poniendo en duda la transparencia de la
sociedad postmoderna.
Planteado esto, creo entender que lo que
conocemos como globalización, que según Noam Chomsky debería ser una especie de
aldea mundial, donde todos tengamos igualdad de condiciones; no es más que “la
represión del hombre y la liberación de las mercancías” o lo que Enrique Dussel
bien llama enfrentamiento asimétrico de las distintas culturas, hijas cada una
de su particular devenir histórico el cual, es estrictamente necesario eliminar
por completo, en esta suerte de reavivamiento del espíritu unificador y
homogeneizante del modernismo, que se traduce ahora si en una hegemonía
cultural, que tiene como principal motor ideológico al neoliberalismo. Teniendo
al concepto de libre mercado como sentencia moral, los medios masivos de
comunicación se han convertido en templos del pensamiento global, donde cada
persona encuentra su puesto y sabe muy bien cual papel desempeñar, con la clara
intención de ser cada vez más eficientes, siempre en búsqueda de alcanzar un mayor
y cada vez mejor posicionamiento, dentro de la súper estructura social. Este
anhelo está bien reforzado, como lo dije al comienzo, por la idea claramente
preconcebida de estar luchando por un bienestar brindado por la comodidad de
los productos de consumo y la protección de una cada vez más especializada
tecnología al servicio de la industria farmacéutica, por medio de la cual nos
venden la píldora para vivir.
En respuesta a esto Dussel nos plantea en
su tesis un modo transversal para superar la realidad planteada por la visión
eurocentrista y estadounidense por medio del modernismo y su heredero
planteamiento globalizador. A través de un enfoque que plantea el
enfrentamiento del desarrollo sustentado en las cualidades y circunstancias
específicas de cada pueblo, que no se centre en el modernismo, sino que lo
“atraviese” de manera inteligente, sin negarlo del todo. Revelando las
posibilidades propias que nazcan de este auto descubrirse que el autor piensa
que debería ejecutar cada pueblo, es como podrían estos mismos sobrevivir al nefasto
futuro vislumbrado bajo la óptica del actual poder europeo, volcado al mundo
entero. La tesis de la transmodernidad exige a los intelectuales, primero no
cerrarse en una suerte de élite de expertos, que precisamente alejó el
conocimiento de la gente común y segundo, servir de puente fronterizo entre la
realidad postmoderna innegablemente poderosa y centralizadora; y el camino
directo, originario y autóctono entre el pasado, presente y futuro de su
realidad cultural, en donde las potencialidades deberán re-conocerse para
sembrarlas como esperanzas en un futuro más simétrico entre la pluralidad
mundial. A pesar de opinar que es una teoría muy interesante, creo sinceramente
que esta idea no podría desarrollarse en nuestra realidad como venezolanos y a
continuación trataré de explicar porque.
Si tomamos en cuenta a los personajes que
Dussel utiliza como ejemplo para plantear su tesis, ambos son representantes de
culturas milenarias, como lo son la maya y la árabe. Esto les confiere esa
característica de pre-modernos que el mismo autor alega como característica
suficiente para entender que el fenómeno moderno, no es otra cosa que un
episodio específico dentro de un pueblo específico, como lo es el europeo. Es
así que podemos entender que personas como Rigoberta Menchú y Mohammed Al -
Yabri puedan desarrollar respectivos trabajos donde reflexionan acerca de las
realidades históricas de sus pueblos, para redescubrir en ello lo necesario
para plantear una tesis alternativa a la globalización eurocentrista y
capitalista, partiendo de su propio legado y necesidades. Es acá donde yo me
pregunto ¿acaso no somos nosotros los venezolanos un pueblo lo suficientemente
contaminados como para evadirnos de nuestra muy torcida realidad postmoderna?,
¿no hemos ya nacido nosotros dentro de este gran basurero? A pesar de mi basta
ignorancia, pienso y trato de encontrar un asidero histórico que me permita
partir de él, para dar ese salto transversal que plantea Dussel y que me ceda
la posibilidad de no sufrir de postmodernismo, pero incluso las hermosas
culturas indígenas que tan bella y orgullosamente llevo en la sangre, tienen
poco peso en mi realidad cotidiana, más allá de un verdadero respeto, incluso
amor que pueda profesarles. No sé si aquel concepto de “pueblo nuevo” que
alguna vez escuché, sea pertinente en este momento para intentar explicar que
soy un hijo alienado de una cultura corrompida y que, a diferencia de un
mexicano o un peruano, lamentablemente no tengo una ascendencia milenaria que
respalde mi historia, sino que he nacido y he crecido frente a un aparato de
televisión, desayunando algún producto que viene en una caja de cartón y
teniendo cada vez mas acceso a cualquier cantidad de información cada vez mas
filtrada, por internet. Es esta la crítica que hago a lo planteado por Dussel y
sinceramente espero estar equivocado.
3 de Febrero de 2013.
* Hsun, Lu. (2009). Diario de un loco. (Sergio Pitol, Trads.).
Colombia.(trabajo original publicado en 1918.)