Jamás me imaginé afirmando esto, pero me explicaré: Hace algunos años en un momento coyuntural en la institución donde estudiaba artes visuales (aunque mi nombre figurara en la matrícula de diseño gráfico) y a raíz del aviso autoritario por parte de la directiva de la facultad de desalojo de los cubículos que los estudiantes utilizábamos para estudiar; mi compañero y yo nos dimos a la tarea de rescatar para nuestro beneficio, todo lo que pudimos de las instalaciones que muy pasivamente los estudiantes nos estábamos dejando quitar. Ya no me acuerdo de la fecha cuando ocurrió, pero además de algunas remembranzas, de aquella faena me quedaron un par de dibujos ajenos, algunas tablas y pinceles abandonados, pero útiles y la mesa que utilizo para dibujar cada noche.
Engañé a un gran amigo, quien desconociendo la situación, se prestó para que utilizáramos su camioneta para transportar todo lo que impunemente sacamos de la facultad aquella mañana. No olvido la expresión de su cara al entender lo que realmente estábamos haciendo, pero fue lo suficientemente leal para continuar sin alterarse en ningún momento. Como cabe esperar, los vigilantes no hicieron cosa alguna e hicimos la mudanza relajados.
Gracias a esa determinación a obrar en contra de lo que me habían enseñado en mi casa, hoy dispongo de una mesa de dibujo firme, la cual no habría podido comprar y donde continúo mis ensayos con los cuales espero enamorar a la muerte y donde desarrollo lo único verdaderamente efectivo a favor de la lucha anti-esclavista: mi conocimiento.
Se que me justifico, pero lo diré: mientras los funcionarios se roban el dinero que el gobierno da para la universidad en whisky, yo les robé una mesa y un banquito para seguir estudiando
Me confieso culpable.