| Casa de la cultura de Higuerón, estado Yaracuy. Venezuela. 2012. |
"Para unos, a simple vista podría
representar pinceladas al azar; para otros, colores. Pero al observar con detenimiento
la obra de Miguel Aguilar se revelan los trazos y manchas bajo estimulación
visual de valores indefinidos y figuras que no se arrojan a la evidencia, turnando
las sombras sin llegar a la oscuridad, haciendo de ello una mezcla dinámica y
expresiva en sí, pero de carácter inconsciente. De manera objetiva podría
decirse que no revela conocimiento sólido de las técnicas, pero si el manejo de
la temática.
En modo contradictorio a lo que él señala
como “uso sin importancia del color”, se puede percibir la determinación que
surge al aplicar cada uno de estos, dejando así ejemplo de creatividad y
decisión final, dominio, sobre la obra. De esta manera, el color es sólo un
juego de encuentros, no obstante no lo son los trazos, que se juzgan con
magnetismo sobre todo con la sustitución del negro por el rojo en su mayoría, y
el azul para crear sombras bajo el influjo de la idea impresionista.
Se puede observar que el eje central de
sus cuadros es el cuerpo humano, detallando retratos y autorretratos. Un especial
voyeurismo cromático, así como la inclinación hacia las expresiones y gestos de
consternación, agonía, encierro, primordialmente en sus autorretratos como medio
liberador que incluso parecen reclamar más fuerza al dejar escurrir la pintura
con apatía. La misma apatía con la que encajaría perfectamente cualquier sujeto
para ser reflejado en su obra por la aparente admiración al cuerpo humano,
básicamente rostros y manos.
Finalmente, puede decirse casi con
precisión que su obra no es más que una muestra purista de trazos clásicos aferrados
al predominio pictórico del siglo XX, basado en la influencia del expresionismo
latinoamericano de la mano de Guayasamin pero moderados a su estilo propio."
Lic. Luz Herrera.
15/11/2012