La obra está realizada en un formato prácticamente cuadrado (77 x 83 cm.) realizado en la técnica del óleo sobre lienzo, donde se representa a un personaje de la mitología griega Danae, quien es seducida por Zeus en forma de lluvia dorada. De esta unión nacería Perseo, quién daría muerte al padre de Danae, Acrisio, según anticipó el oráculo.
La imagen muestra a una mujer joven y bella, recostada lateralmente, con las piernas flexionadas casi hasta el pecho, mientras una especie de “lluvia de oro” pasa por entre sus piernas. La mujer es pelirroja y de piel clara, la única de sus manos que queda visible transmite una gran tensión. El poco espacio que queda alrededor de la mujer, pareciera estar cubierto por una tela de tonos marrones, cuya suavidad se percibe por las transparencias logradas por el artista. La modelo pareciera estar calzada y su gran muslo reafirma la idea de sensualidad y fertilidad que está directamente ligado al tema.
Toda la imagen está construida dentro de la armonía tonal de los colores cálidos, entre colores análogos como el amarillo (dorado), blanco, anaranjados, rojo, rosado, marrón. La composición está dirigida por la diagonal ascendente desde la esquina inferior izquierda, que es eje donde podríamos pensar que descansa el cuerpo de la modelo; a pesar de esto, la misma diagonal le imprime el dinamismo necesario a la “lluvia dorada” para que se sienta como un fluir. La mujer como tal, forma una masa que ocupa prácticamente todo el cuadro, creando una sensación de encierro y totalidad, que tendría que ver con el hecho de que la escena representada ocurre mientras Danae está recluida y aislada del mundo.
En cuanto a la pose, el artista se vale del tema para explotar la sensualidad que tanto le interesaba, como lo demuestra toda su obra, y presenta al personaje mitológico de una manera muy erótica, con las piernas levantadas y con una expresión de éxtasis, que se puede deducir de sus ojos cerrados, la boca mínimamente abierta, además de la expresión de su mano, la cual casi clava sus dedos en el pecho. Las ondulaciones del cabello y el uso generalizado de la línea curva refuerzan la idea de belleza, según las ideas de Hesíodo .
Este es un claro ejemplo de cómo el artista conjuga cada elemento disponible y a su alcance, para llevar a cabo la representación de una escena harto conocida, pero a su manera peculiar, sin necesidad de imitar versiones anteriores. El trabajo de este artista le dio el valor hasta ahora reconocido por nosotros a esa época tan convulsiva y madre de las rupturas que significaron el final del siglo XIX y principios del XX y que continúan alimentando nuestro espíritu.
La imagen muestra a una mujer joven y bella, recostada lateralmente, con las piernas flexionadas casi hasta el pecho, mientras una especie de “lluvia de oro” pasa por entre sus piernas. La mujer es pelirroja y de piel clara, la única de sus manos que queda visible transmite una gran tensión. El poco espacio que queda alrededor de la mujer, pareciera estar cubierto por una tela de tonos marrones, cuya suavidad se percibe por las transparencias logradas por el artista. La modelo pareciera estar calzada y su gran muslo reafirma la idea de sensualidad y fertilidad que está directamente ligado al tema.
Toda la imagen está construida dentro de la armonía tonal de los colores cálidos, entre colores análogos como el amarillo (dorado), blanco, anaranjados, rojo, rosado, marrón. La composición está dirigida por la diagonal ascendente desde la esquina inferior izquierda, que es eje donde podríamos pensar que descansa el cuerpo de la modelo; a pesar de esto, la misma diagonal le imprime el dinamismo necesario a la “lluvia dorada” para que se sienta como un fluir. La mujer como tal, forma una masa que ocupa prácticamente todo el cuadro, creando una sensación de encierro y totalidad, que tendría que ver con el hecho de que la escena representada ocurre mientras Danae está recluida y aislada del mundo.
En cuanto a la pose, el artista se vale del tema para explotar la sensualidad que tanto le interesaba, como lo demuestra toda su obra, y presenta al personaje mitológico de una manera muy erótica, con las piernas levantadas y con una expresión de éxtasis, que se puede deducir de sus ojos cerrados, la boca mínimamente abierta, además de la expresión de su mano, la cual casi clava sus dedos en el pecho. Las ondulaciones del cabello y el uso generalizado de la línea curva refuerzan la idea de belleza, según las ideas de Hesíodo .
Este es un claro ejemplo de cómo el artista conjuga cada elemento disponible y a su alcance, para llevar a cabo la representación de una escena harto conocida, pero a su manera peculiar, sin necesidad de imitar versiones anteriores. El trabajo de este artista le dio el valor hasta ahora reconocido por nosotros a esa época tan convulsiva y madre de las rupturas que significaron el final del siglo XIX y principios del XX y que continúan alimentando nuestro espíritu.
![]() |
“La lluvia dorada, Danae” Gustav Klimt, 1907 - 08.
|
