noviembre 17, 2013

Con las venas abiertas y los ojos tapados.

     A veces yo me pregunto ¿en qué momento se torció la historia? ¿Por qué de pronto el ser humano comenzó a parecerse tanto a los cerdos, cuando nuestros dioses eran aves y felinos? ¿Cuál es la razón para que vivamos de una manera tan desigual? ¿Acaso será una condición natural el que seamos autodestructivos? Al leer Las venas abiertas, pareciera que algunas de estas preguntas fuesen, tal vez no contestadas, pero si tocadas por Eduardo Galeano, en un recorrido muy certero del fenómeno histórico de la conquista, colonización y explotación del continente americano, por parte de los países europeos a partir del s. XV.
     No tanto los países, sino la naciente clase burguesa de estos, que emergió del latifundio y el comercio y que estaría destinada a desplazar del poder a la monarquía, quienes serían los afortunados beneficiarios de los resultados del gran riesgo corrido por un aventurero genovés, quien murió pensando que había llegado al continente asiático por el este. A pesar de esto y fuera donde fuera que hubieran llegado, los exploradores se sintieron con derecho de adueñarse de todo, pasando por encima de todo y vistiéndose con el traje de terrible aunque históricamente solapada reputación, el de invasores.
     Este derecho totalmente injusto, ha sido justificado a través de la evangelización; cuyos principios (manipulados muy a conveniencia) han servido para dar soporte moral al extraordinario desastre que estas personas han sido capaces de cometer, con tal de hacerse de las riquezas materiales que América guardaba. Se han aceptado más de cinco siglos de destrucción masiva y completamente impune, con el convencimiento de que su dios les ha dado licencia irrevocable y absoluta sobre lo que nunca fue de ellos.
     Desde la plata del Potosí, el oro del norte de Brasil, el azúcar explotado en el Caribe y los hombres, mujeres y niños que fueron torturados, secuestrados, explotados y cruelmente asesinados; el poder de la violencia ha dado sus frutos con exagerada plusvalía para quienes aún hoy ostentan el poder económico mundial. Ya que nuestra actual sociedad está cimentada en la realidad vivida por estos seres humanos que sufren la pena de haber servido de objetos productivos de una riqueza ajena y desconocida. No solo las personas, también nuestra madre tierra continua enferma de esta historia aún vigente. Estos hijos de la madre patria han sido capaces de dejar estériles las tierras de lo que alguna vez consideraron el Edén, no solo al casi desaparecer a sus retoños humanos tras un cruel sufrimiento y dominación, sino que también al secarle las entrañas.
     Toneladas de plata se extrajo del cerro Potosí en la actual Bolivia, cuya ciudad creció de forma exponencial cuando así fue conveniente y que luego de muchos litros de sangre, lágrimas y aguardiente, fue simplemente dejada en el olvido, para luego hacer lo mismo con Ouro Preto en Brasil y así con el resto del continente y sus islas, sus recursos y, no solo sus gentes, sino también las traídas desde el otro lado del Atlántico. Se calculan en millones las personas secuestradas en África, para el usufructo de los colonizadores que nunca fueron capaces de hacer un esfuerzo propio para conseguir lo deseado. El terrorismo sigue siendo la metodología por medio de la cual la violencia se ha superpuesto a la armonía y desde entonces ha venido creciendo una sociedad mundial basada en el poder que da la fuerza de unos sobre otros. Hay que tener claro que la actual situación de desigualdad entre los llamados primer y tercer mundos es fruto de la historia de la invasión de América y su alargada y estúpida explotación. Utilizo ese calificativo ya que es evidente la mala utilización que se ha hecho y se sigue haciendo de los frutos de nuestro hábitat y los resultados están a la vista.
     Esta situación se mantiene viva, la maquinaria de dominación se ha estructurado de una manera tan especializada que ya no hacen falta ejércitos y fuego (como tal vez si necesitan en otros países, con culturas fuertes). Nuestros recursos siguen siendo aprovechados por ajenos y nosotros se los entregamos en las manos, además de sentirnos agradecidos por ello. Nuestra percepción del mundo está dirigida por nuestra educación y esta ha sido muy claramente llevada a cabo con la meta de mantenernos en un estado de sumisión que permita que la esclavitud continúe existiendo, pero ya con nuestra venia. Somos indulgentes con nuestros verdugos y les besamos los puños. Rezamos al demiurgo que juega al futbol con nuestras cabezas.
     Este panorama, donde culturas enteras fueron desaparecidas y una nueva implantada, es el que sirve de patrón para la nuestra. Pasamos la vida (quienes decidimos tomar el camino de los estudios) investigando y conociendo cada vez mas a fondo, la historia y los modos de quienes nos dominan y explotan, teniéndolos como paradigma, como modelo, como ejemplo. Esto conforma nuestras expresiones artísticas, que nacen desde la colonia y están signadas por el modelo renacentista- burgués de arte para entretener, arte como decoración de salones (que en un comienzo fueron colecciones particulares, pero que luego se convirtieron en institucionales) y que representan el status quo anhelado. De lado quedaron las formas simbólicas y rituales que conformaban la cosmovisión de los pueblos originarios de América y África, que representaban la interconexión del todo y no simplemente la expresión del ego artístico.
     Las venas abiertas de América latina es una denuncia tan bien formulada y de tan evidente alcance que aún hoy sigue manteniéndose fuera del alcance de las masas. En este libro se encuentra condensada la información necesaria para entender la realidad histórica de la que somos hijos, no solo los americanos, sino la humanidad entera; ya que desde aquellos hechos nació el actual orden mundial. Por esto, a pesar de todo el discurso político en el que estamos envueltos los venezolanos, vemos como las campañas electorales y los centros comerciales siguen teniendo mayor difusión que la educación, entendida esta no como formadora, sino como generadora de conocimiento. De esta manera se mantiene el actual modelo de dominación y se trunca cualquier proceso de cambio, el sistema ha aprendido muy bien a mantenerse a salvo.